Mujeres al poder, la nueva tendencia en Chile

Sin lugar a dudas, uno de los hechos más significativos de la victoria de Michelle Bachelet no es el triunfo de la Concertación, ya que esa coalición viene gobernando exitosamente en Chile los últimos 16 años y tiene un presidente saliente, Ricardo Lagos, con el 75% de aprobación popular.

Lo más significativo del triunfo de la candidata socialista es que puso en evidencia que el cambio cultural, económico, político y social operado en Chile en los últimos años, finalmente, se plasma también en el Estado.

Que una mujer acceda a la presidencia de Chile es la demostración de que se acorta la distancia entre la clase política y la sociedad civil, que antes ya había derrotado la cultura arraigada por siglos de un machismo y un conservadurismo dominantes. La política –como parte de la élite más resistente a la transformación– acabó por ser permeable a los cambios.

Estados Unidos, que pasa por ser uno de los países más actualizados e innovadores de la tierra, tal vez tenga más resistencias a aceptar hoy a una mujer al frente del gobierno que este país latinoamericano, tradicional, católico, conservador. Los demócratas americanos no se deciden hasta hoy a aceptar el liderazgo de Hillary Clinton, lo que debilita la proyección de ese partido, dado que no hay fuertes candidatos en el horizonte. Los demócratas no se deciden a enfrentar a los republicanos con mensajes claros: ni contra la guerra y la metodología para combatir el terrorismo, ni contra los prejuicios.

Tuve la oportunidad de estar en Santiago de Chile, invitada por importantes dirigentes políticos y empresarios de la Concertación, el día de la primera vuelta electoral. Confieso que me quedó la impresión de que fue el susto que reinó esa noche poseleccionaria, por la proximidad de los números de Sebastián Piñera a los de la candidata del oficialismo, lo que dio lugar al cambio estratégico que permitió el reciente triunfo. Las rencillas y confrontaciones internas entre las dirigencias del Partido Socialista y de la Democracia Cristiana, dentro de la coalición oficialista, habían imposibilitado llevar adelante una campaña electoral uniforme, disciplinada, en la que todos traccionaran hacia el mismo lado. Y la amenaza concreta era que Piñera, superando a Ricardo Lavín para el ballotage, podía derrotar la idea de que la derecha chilena es pinochetista y pro dictatorial. Con Piñera surgiría una nueva derecha, más moderna y democrática (más cercana a las ideas del Partido Popular español).

Las crisis pueden dar origen a la aparición o al resurgimiento de soluciones no vislumbradas con anterioridad u olvidadas. Ante la amenaza de una posible derrota de la Concertación hubo una reacción colectiva y, con Michelle Bachelet a la cabeza, se priorizó la coalición política. Se cohesionó un comité de campaña único, verticalizado, con una estrategia definida, en la que se dejaron de lado las diferencias y se trabajó para ganar. Se quiso demostrar la capacidad de gobernabilidad de la Concertación y se apeló claramente a la continuidad del gobierno de Ricardo Lagos.

El proceso se revirtió, el riesgo desapareció rápidamente y Michelle Bachelet se impuso con comodidad.

El reciente anuncio del nuevo gabinete demuestra, sin embargo, que Bachelet se propone profundizar el cambio en Chile, y no sólo respetar la continuidad. Es así que dobló la apuesta con un acto de audacia: la elección de su gabinete. No sólo hizo un cambio de género (la mitad de los ministros son mujeres) sino de generación. Aunque se trata de hombres y mujeres con experiencia en la función pública, sus caras son desconocidas para los chilenos. Representan la segunda línea. Aquella generación incubada en el seno de la Concertación como parte de un policy making en la función pública.

La Concertación está impactada. Mejor dicho, el establishment de la Concertación. Y la oposición más aún. Está paralizada. Sin argumento propio (el cambio).

Efecto cascada

Sin duda, la decisión de incluir a las mujeres en forma tan protagónica en el rango ministerial producirá un efecto cascada en los nombramientos en otros niveles del gobierno (secretarías, subsecretarías, gobiernos regionales, directores de empresas públicas y de servicios, etcétera), ya que el criterio (y las mujeres) se reproducirá.

Y es seguro que el efecto cascada no sólo se dará en los cargos públicos. También en la actividad privada. Y en la oposición, que ya está exigiendo cambios en su dirigencia.

El efecto Bachelet, sin duda, será transversal. Se trata de un fenómeno que tuvo raíces en la Concertación que ella misma encarna.

No es una ruptura con lo que ha sido el gobierno de Ricardo Lagos. Es lo que él mismo ha posibilitado.

Doris Capurro