Buenos y Malos,
Blancos y Negros

El discurso político hoy de Estados Unidos en Internet

Por Doris Capurro
Publicitaria y socióloga
Consultora en comunicación

Cada vez más los políticos sufren -en buena parte del mundo- de cierta simplicidad maniquea a la hora de presentar sus ideas, plataformas electorales y políticas de gobierno. Y, los medios, en general reflejan claramente esa visión.

Es que ambos - políticos y periodistas – están muchas veces envueltos y retroalimentan un tipo de discurso político que, en la jerga académica, se denomina “comunicación binaria”: tienden a representar el mundo como un lugar en donde solamente existen polos opuestos, buenos o malos. Parece ser que el tablero político conformado por el complejo periodístico sólo permite la existencia de blancos y negros – como en el ajedrez. Los grises no interesan, no existen. Es como si los matices no sumaran votos o no fueran “vendibles” a lectores y audiencias.

Según un estudio publicado en el último número del Journal of Communication titulado No shades of gray: The binary discourse of George W. Bush and an Echoing Press, el caso del gobierno norteamericano y el accionar de la prensa post S-11 en ese país es un ejemplo arquetípico de comunicación binaria.

El hallazgo del estudio académico es dual. En primer lugar, haciendo una revisión párrafo por párrafo de los discursos públicos del presidente Bush desde 2001, encuentra suficiente evidencia como para advertir que la estrategia de comunicación política fue claramente utilizar la dicotomía bien/mal y seguridad/peligro.

En las primeras líneas de su discurso en la tarde del 11 de septiembre, Bush decía: “Hoy nuestra Nación vio el mal, lo peor de la naturaleza humana. Y nosotros respondimos con lo mejor de América”.

El 20 de Septiembre de 2001, nueve días después de los atentados, el presidente Bush manifestaba ante el Congreso norteamericano: “Todo país, en cada región, tiene una decisión que tomar. O están con nosotros o están con los terroristas.” El estudio señala que “esta declaración tuvo un claro poder retórico en su momento y posteriormente se convirtió en algo más importante: fue la política fundacional de la administración Bush, esto es, la guerra contra el terrorismo”.

En Octubre de 2002, Bush resumía: “La doctrina que dice ‘o estás con nosotros o estás con el enemigo’ todavía se mantiene. Es una doctrina importante. Es tan importante hoy como hace 13 meses”.

Y aún hoy sigue siendo el principal eje en torno del cuál gira el debate político en el país del norte, el prisma principal por el cual los candidatos se manifiestan en los medios. Valga como ejemplo la cuestionada valentía demostrada durante la guerra de Vietnam por el candidato demócrata John Kerry, que ha ocupado gran espacio en el último mes de la campaña, como si ese razgo fuera necesario para estar del lado de la seguridad.

De ser un presidente cuyo origen fue - como dice The Economist (26/08/04) - “accidental”, Bush pasó a pilotear una presidencia “transformadora” desde el punto de vista comunicacional, creando una retórica organizada alrededor del “eje del mal” - que sólo tiene como antecedente la retórica republicana frente a otro “mal”, el comunismo de la guerra fría.

El segundo hallazgo interesante de la investigación tiene que ver con cómo la prensa tomó el discurso presidencial. Se analizaron un total de 288 editoriales, aparecidos en los dos días posteriores a cada discurso presidencial en los veinte diarios más importantes de EEUU. La selección de editoriales – “la voz institucional de la prensa” - no es casual. Según los autores del artículo - en su mayoría, miembros del departamento de comunicación de la Universidad de Washington - “los editoriales de los diarios tienen un rol central en la interpretación de los hechos, muchas veces sirviendo como ‘líderes de opinión’ tanto para los ciudadanos como para los miembros del Congreso.”

El estudio encuentra que los principales diarios norteamericanos replicaron en sus editoriales, casi al pie de la letra, la dicotomía entre buenos y malos, entre nosotros y ellos, entre suguridad y terrorismo, sin indagar o bucear en toda la gama de alternativas que puede tener una política pública, como es la decisión, por ejemplo, de iniciar una guerra. La prensa hizo una especie de “alineamiento automático” frente al discurso oficial. Algo que ha suscitado, hace unas semanas, controversias al interior de prestigiosos diarios como el Washington Post y pedidos de disculpas a sus lectores.

¿Y por casa cómo andamos?

Ejemplos de comunicación binaria en nuestra política local no faltan. La derecha vs. la izquierda, conservadores vs. progresistas, mano dura y meter bala a los delincuentes vs. derechos humanos, setentistas vs. procesistas, achicamiento del estado vs. despilfarro, piqueteros duros vs. piqueteros blandos, sumisión frente al FMI vs. rebeldía... Y la lista puede continuar.

La dirigencia política y su discurso moldeado para los títulos de los diarios ayudan a construir un mundo político bipolar. Patricia Bullrich, avalada claramente por Ricardo López Murphy, por ejemplo, sostuvo esta semana: "Duhalde es la cabeza del monstruo, que destruyó la provincia de Buenos Aires. Ahí está el corazón de lo que funcionó mal en el país.".

El presidente Néstor Kirchner, en una de sus arengas contra los acreedores privados expresaba que no está dispuesto a optar por "el camino de la sumisión ni del hambre de los argentinos." Y, calificó con humor su reunión con el Fondo Monetario Internacional, como la reunión con el Diablo.

O, la convocatoria que circula masivamente por mail en estos días convocando a un Paro Nacional y a que “ si estás en contra del secuestro, la delincuencia y todos los asesinatos diarios, sólo tienes que enviar este correo... si estás a favor de los secuestros sencillamente no repares en él y espera pacientemente tu turno...”

Estos encasillamientos hacen que el debate público sea cada vez más mediocre, porque adolesce de los matices y múltiples lecturas que tienen la mayor parte de las decisiones en materia de políticas públicas. Por otro lado, tienden a presentar a los gobiernos como una entidad unificada, cuando en realidad en su interior existen contradicciones y complejidades que hacen que los encasillamientos simplificadores sean un verdadero error, un sesgo contraproducente para la ciudadanía.