Si algo quedó claro para los que asistimos al “Primer
Congreso Nacional de Marketing de las Ciudades” es que
la creciente profesionalización de la comunicación
pública no es cuento.
A paso firme se viene gestando desde hace algunos años
un consenso axiomático: las ciudades deben construir(se)
una marca propia. ¿Las razones? Constituye un poderoso
factor para atraer turismo, negocios e inversiones, favorece
el desarrollo económico y cultural del espacio local,
y refuerza el sentido identitario de sus ciudadanos.
La conferencia internacional donde se cristalizó este
consenso tuvo lugar en Elche, una ciudad ubicada en la provincia
de Alicante, España, a fines del mes pasado.
Allí se dijo que toda ciudad o región tiene
su particularidad, su diferencial, su característica
propia y única. Solamente se necesita una visión
inequívoca de la marca, basada en una realidad palpable
y cierta. De lo que se trata es de encontrar esa especificidad
y comunicarla.
El encuentro reunió a expertos de renombre, protagonistas
en la creación de marcas exitosas como “Barcelona”,
“Bilbao” y “Valencia”, que expusieron
sus pareceres desde el expertise que articula la nueva disciplina
del “city marketing”.
Por caso, el magistral Jordi Borja - célebre sociólogo
y urbanista catalán - explicó cómo el
espacio público ha sido la carta de presentación
de Barcelona en el debate sobre el urbanismo actual.
Como se sabe, las Olimpíadas tuvieron una probada
fuerza material y simbólica en esa ciudad. “El
evento es marketing” - dijo Borja. “Es un buen
anuncio de la ciudad, una publicidad que ayuda a vender la
'oferta' urbana, que además aumenta también
la autoestima ciudadana y da prestigio a los responsables
políticos (marketing de uso interno)". Pero al
mismo tiempo, intentó matizar y relativizar la estrategia
de los eventos y la "festivalización" del
urbanismo.
Ocurre que el proceso de construcción de marca ciudad,
para que tenga resultados de largo aliento, debe sistematizarse
más allá de eventos puntuales. De otra forma,
esfuerzos valiosos pueden diluirse en el olvido o permanecer
como mero ejercicio ornamental. Valga como contrapunto el
anuncio que hizo el Ayuntamiento de Madrid sobre la puesta
en marcha del posicionamiento de la “Marca Madrid”.
Se promocionará una nueva imagen de ciudad que, entre
otros objetivos, intentará potenciar su candidatura
como sede para los Juegos Olímpicos de 2012. El Plan
Estratégico de Posicionamiento se lanza con mucho tiempo
de anticipación, a principios del año que viene.
Argentina estuvo representada. De eso puede dar fe Luis Baldo,
intendente de Villa Gesell, única ciudad no europea
que recibió invitación.
Baldo asistió, con orgullo, a la presentación
de la experiencia que él mismo encaró en la
construcción de la marca de su ciudad, basada en la
mítica figura del fundador, Don Carlos Gesell.
Es que esta ciudad balnearia hizo una experiencia inédita
en Argentina al desarrollar un plan estratégico y profesional
como herramienta para el desarrollo local. El trabajo consistió
en descubrir las bases de la identidad de la ciudad y definir
los atributos sobre los que se construiría la marca,
involucrando a la comunidad.
La profesionalización de la comunicación pública
llegó para quedarse. Se podría aumentar el patrimonio
común de los argentinos, si diéramos valor a
nuestras ciudades, transformándolas en marcas únicas,
reconocidas, reconocibles y apreciadas por propios y ajenos.
La reciente fuerza de posicionamiento que hizo Rosario como
sede
del Congreso de la Lengua va en ese camino. En muchos países,
son las ciudades (como París, Nueva York,
Sydney, etc.) las que motorizan la marca país.
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